Pertenecer. Permanecer en eso que se es.
Por años buscando, viviendo esporádicamente el inicio de cada una de esas otras vidas que podrían estar reemplazando a otra mejor… y esa ansiedad de: ¿qué me estoy perdiendo?
Como cuando querés comprar unas zapatillas, y aun sabiendo que en todos los locales son las mismas, estás tres o cuatro días paseando y probándote las mismas zapas en distinto color, formato, marca y talon, pensado que tal vez te perdés otro ofertón comprando aca, esperando, porque tal vez el jueves lleguen unas mejores a la vidriera.
Así andas, por las vidas, esperando, probando, buscando, saliendo, volviendo… sin avances, sin concretos, con ansiedades y miedos al exito.
Ya esta che! ya 'ta iá!
En realidad (la que pisas ahora) no importan las zapas de la tienda, las de moda, el color que combina. Te ponés unas, esas de ahí arriba, cualquiera. Porque no eran las zapas, ni el color o el modelo. Tampoco el precio. Era andar, caminar, pisar la realidad, estar acá. No allá con el modelo que tal vez te estás perdiendo al elegir este: acá, con eso que te pusiste y empezaste a andar.
Qué cosa linda cuando la vida que estás viviendo es la vida que querés vivir.
Cuando las zapatillas se vuelven únicas.
Cuando Ese par es tan cómodo que silencia todo lo demás.
Las otras vidas no hacen ruido: todas se unifican en la persona que sos hoy.
Qué sensación tan única y perfecta cuando sincronizas con todas las Victorias fuiste, sos y tendras.

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